En el extremo sur del planeta, el océano Antártico sostiene un equilibrio silencioso. Cada año, esta masa de agua helada absorbe cerca del 40 % del dióxido de carbono que libera la humanidad, convirtiéndose en el pulmón oculto de la Tierra. Sin embargo, un nuevo estudio advierte que su capacidad de retener ese carbono no es eterna: depende de un frágil mecanismo entre temperatura, salinidad y corrientes, que podría alterarse con el cambio climático.