En el Sudeste Asiático, las lluvias solían tener una cadencia reconocible: tormentas vespertinas sobre la tierra, truenos que marcaban el fin del día y un aire que olía a tierra húmeda. Pero en los últimos años, algo cambió. Las nubes se desplazan, las lluvias se corren hacia el mar y, en lugar de descargar sobre los arrozales o las ciudades, descargan sobre el océano abierto. Un nuevo estudio científico encontró al responsable de esta alteración: los aerosoles, o diminutas partículas suspendidas en el aire que provienen del humo de fábricas, incendios o autos. Lo que flota en el aire está modificando el equilibrio del agua, empujando las lluvias lejos de la tierra firme.