Desde hace más de 55 años, un equipo de investigadores argentinos y estadounidenses realiza el seguimiento más prolongado del mundo sobre una especie de ballena. Cada temporada de avistajes permite reconstruir historias de vida de individuos, registrar migraciones y conocer hábitos reproductivos, algo clave para proteger a la ballena franca austral, que estuvo al borde de la extinción tras siglos de caza industrial. Hoy, apenas se estima que quedan unos siete mil ejemplares, frente a los cien mil que poblaban los mares antes de la explotación comercial.