Firmar tratados es solo el primer paso. Las aguas chilenas, esenciales para ballenas de todo el mundo, se han convertido en zonas de riesgo por la actividad industrial.
Tres ballenas han muerto en reservas nacionales en solo seis meses. La contaminación acústica también las desorienta y las vuelve vulnerables.
La exigencia de Greenpeace apunta a acciones concretas. El compromiso con la vida marina requiere decisiones que limiten ciertos sectores económicos.
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