La amenaza sobre el pingüino de Humboldt no es simbólica: su desaparición afectaría a especies que dependen de su rol ecológico. Hoy, quedan menos de 24 mil adultos.
Las rutas marítimas, como las planteadas por el proyecto Dominga, rompen sus patrones de alimentación y crianza. Y el turismo no controlado suma presión sobre su hábitat.
Se requieren políticas urgentes, y un cambio de paradigma en la forma de relacionarnos con la biodiversidad costera. Sin eso, el mar chileno perderá un pilar vital.
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