El aumento del calor oceánico es una de las señales más claras del cambio climático. La absorción de calor ha crecido a un ritmo alarmante y podría condicionar el clima global en las próximas décadas.
Los ecosistemas marinos también están en peligro. Especies como las ostras sufren la acidificación del agua, lo que pone en riesgo su supervivencia.
Para frenar esta crisis, es fundamental reducir las emisiones de carbono. El planeta depende de ello.
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