Desde tiempos antiguos, los humanos han estado fascinados por las criaturas marinas. Aristóteles describía crustáceos y moluscos en pergaminos de papiro, y hoy, los científicos utilizan pruebas genéticas y la ciencia participativa para identificar nuevas especies. Entre estas criaturas destaca el vampiro de los abismos, un pequeño cefalópodo que no es ni vampiro ni calamar. Este ser, conocido científicamente como Vampyroteuthis infernalis, utiliza su moco fosforescente para evadir a los depredadores en las profundidades del océano.
Otro descubrimiento reciente es el pez luna fantasma, Mola tecta, identificado por primera vez en 2017. Esta especie, que puede pesar hasta 900 kilos, ha sido avistada en diversas partes del hemisferio sur y recientemente en la costa de California. Su habilidad para mantenerse oculto durante tanto tiempo demuestra la riqueza de la biodiversidad marina y lo poco que conocemos de ella.
El tonelero de mar, Phronima sedentaria, es otro ejemplo de la sorprendente vida en las profundidades. Este anfípodo vacía una salpa gelatinosa para proteger sus huevos y crías, mostrando un comportamiento macabro pero fascinante. Estas criaturas marinas no solo son intrigantes, sino que también nos enseñan sobre la complejidad y la adaptabilidad de la vida en el océano.